jueves, abril 18, 2013

Ndiyo tunaweza. La política de Obama en África Subsahariana



Imagen de dellhunk
Se cumplen en estos días cinco años ya del movimiento Obama. Tras los ocho años de plomo de George W. Bush, Estados Unidos iniciaba una fase nueva de su historia con la elección del espíritu propositivo y de cambio de la candidatura de Barack Obama frente a las planas propuestas del republicano McCain. Este aire de cambio llegó hasta África. Por primera vez un hombre negro comandaba el ejército militar y económico más grande del mundo. Las esperanzas de que la potencia mundial dominante entendiera por fin los problemas de los países africanos recorrieron muchos rincones de la política subsahariana.

Pero la negritud de Obama ha resultado no ser tal. A pesar de que nada más llegar a la presidencia Obama visitara El Cairo y Accra y contagiara así su optimismo, la realidad de la intervención de Washington en el continente durante estos años es otra. Obama tardó casi un año en fijar su política frente a la Unión Africana, y casi cuatro en lograr publicar un documento de política sobre África Subsahariana. Su política de gestos que no se ha traducido en documentos o acciones de impacto.

La misma estrategia para África Subsahariana que, de haber perdido Obama contra Romney nunca habría podido implementar, establece cuatro ejes de actuación –democratización, oportunidades económicas, paz y seguridad y desarrollo- que en el fondo se traducen en dos. Y es que Obama sitúa a África Subsahariana como un actor fundamental en la economía y la seguridad de la comunidad internacional.

En la guerra económica, Washington ha perdido protagonismo como inversor en el continente. Hasta el punto de que desde 2009 China supera a Estados Unidos como mayor inversor. Esta pérdida de protagonismo ha venido acompañada de la implementación de la African Growth and Opportunity Act (AGOA), creada por la Administración Clinton en 2000, potenciada por Bush durante su mandato y que ahora Obama pretende reformar. Esta herramienta promueve la inversión estadounidense en África Subsahariana, y no ha tenido impacto a la hora de convertir ésta en una inversión más sostenible y que promueva el crecimiento interno.

En cuanto a la guerra militar, el puesto de mando para África Subsahariana, el AFRICOM, nunca ha estado del todo desarrollado. Atrapado en la política militar de un Estado que ha tenido dos guerras abiertas, el AFRICOM se ha dedicado a formar y armar a los ejércitos locales con el combate a los grupos terroristas como principal objetivo. El reciente acuerdo de Washington con Níger para establecer una base africana de drones responde a la coyuntura actual en Mali, pero también a la fuerza que está tomando Boko-Haram en Nigeria.

Frente al abandono escénico al que, durante sus primeros cuatro años, Obama ha sometido al continente la Secretaria de Estado Hillary Clinton se ha puesto manos a la obra. La ofensiva de Clinton por recuperar la imagen de Estados Unidos en el exterior y trazar nueva alianzas diplomáticas la ha llevado a visitar 23 de los 54 países del continente. Entre sus hitos está el apoyo al nuevo gobierno de Somalia, reconociéndole como legítimo –hecho que no pasaba desde 1993-  y apoyando su indivisibilidad frente a las regiones secesionistas. También ella ha sido decisiva en el proceso que finalizó con la división de Sudán en dos Estados y deja el camino encauzado para que el conflicto en la fronteriza región de Abiyei se resuelva formalmente con otro referéndum.

Clinton ya tiene nombrado sucesor, el excandidato a la presidencia John Kerry, quien a priori debería mostrar cierta sensibilidad hacia África al estar casado con una mozambiqueña formada en universidades sudafricanas. Kerry tendrá que lidiar con la sombra de Clinton y una figura presidencial que, poco a poco, parece querer priorizar su presencia en la política africana estadounidense. Estos días hemos visto cómo Obama sedirigía a la nación keniata, de donde era originario su padre, para pedir unas elecciones presidenciales sin violencia.

Estamos tan sumergidos en el día a día de la crisis global que hemos consumido una legislatura de las dos de Obama casi sin darnos cuenta. Y no ha surgido un verdadero cambio del orden global. Los problemas son los mismos que en el mandato Bush, las respuestas se le parecen,  y no conseguimos quitarnos la sensación de estar perdiendo muchas oportunidades. El cambio de halcones por palomas no ha sido suficiente.

La gestión de la política interna, principal mandato de Obama, no debería servir de justificación para evaluar el impacto de las nuevas acciones estadounidenses en África Subsahariana.  Las segundas legislaturas, especialmente el final de éstas, son habitualmente utilizadas por los presidentes para intentar modificar la imagen exterior que se tenía de ellos. Obama finalizará en 2016, un año después de la fecha límite para diversas metas internacionales y todo apunta a que las buenas intenciones de Barack terminarán por imponer un nuevo pacto blanco como el pacto del Milenio que, pensado para ser incumplido, sitúe a África Subsahariana en el foco de una política espectáculo internacional que no tenga verdadero impacto en el día a día de los africanos y las africanas. Al final el profesor Ake puede volver a tener razón: la prioridad no es el desarrollo del continente, por muchos documentos estratégicos que nos encarguemos de diseñar.

viernes, marzo 22, 2013

El acceso al agua y al saneamiento en África Subsahariana


Es 22 de Marzo y como cada año se celebran por todo el mundo multitud de actos en conmemoración al Día Mundial del Agua anunciando prioridades, objetivos y logros en este campo.

Foto de Rémi Kaupp
El suburbio de Kibera, cerca de Nairobi, es como otros muchos suburbios del mundo. Sin embargo hay una cosa por la que destaca en los informes de expertos y los anecdotarios periodísticos. Allí la falta de saneamiento adecuado ha sido solucionada por su población con la creación de una herramienta: los flying toilets. Éstos consisten en defecar dentro de una bolsa de plástico, que es lanzada después por los aires, ya sea en zonas de desechos en mitad del suburbio, ya sea en mitad de la calle. La anécdota, el chiste fácil y escatológico, oculta tras de sí una realidad dramática que se lleva por delante muchas vidas a lo largo del año en forma de enfermedades fácilmente mitigables.

El saneamiento es el hermano pobre de los organismos y los departamentos encargados del agua en el mundo. Siempre ha sido más fácil encontrar financiador para inaugurar un pozo que unas letrinas. A pesar de ello entró dentro de la Resolución 64/292 de la Asamblea General de Naciones Unidas por la que ésta reconocía el Derecho Humano al Agua y al Saneamiento.

La Resolución se tomó allá por 2010, a cinco años de la fecha límite de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Fue quizás por eso que hoy justo hace un año, el 22 de Marzo de 2012, en el Día Mundial del Agua, Ban Ki-moon anunciaba que la meta del Milenio de reducir la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento se había cumplido. El tiempo apremiaba y los anuncios de éxito en las políticas globales de agua y saneamiento se debían de comenzar a realizar… incluso si se tenía que pasar por encima de las cifras.

Lo que en realidad decía el informe en el que Ban Ki-moon se basaba era que se había conseguido aumentar la proporción de personas que acceden a una fuente mejorada de agua potable. Entre fuente mejorada y acceso sostenible, que implica una fuente segura, existe una gran diferencia que el departamento de prensa del Secretario General decidió omitir. Cifras más realistas hablan de entre 1.000 y 4.000 millones de personas que no tienen acceso al agua potable segura actualmente. El Banco Mundial habla sin tapujos de 3.000 millones (¡la mitad de la población mundial!). En cualquier caso, se utilicen las cifras que se quieran utilizar, las de Ban Ki-moon, las del Banco Mundial o las de otros estudios, todos coinciden en afirmar que África Subsahariana es la región donde más gente se ve privada del agua potable y de un saneamiento adecuado cada día.

Si nos sentamos a analizar las causas de esta situación más allá del Sahara, el imaginario colectivo nos llevará a pensar que es la imposición de políticas del norte sobre el sur lo que impide que África Subsahariana implemente alternativas al modelo neoliberal. Sin embargo la realidad no es ésta. Los gobiernos africanos no están interesados, en general, en ofrecer una alternativa al modelo, sino en sumarse al mismo. La solicitud de éstos es, en general, de falta de financiación o de coordinación con los fondos de ayuda al desarrollo existentes. Esto hace que la respuesta que buscan para solucionar el conflicto por los recursos hídricos se encamine hacia los modelos privados.

Sin embargo los resultados de la apuesta por el modelo liberalizador no son elocuentes. A pesar de su predisposición a contar con capital privado los gobiernos africanos no logran movilizar la inversión necesaria. Y eso que el mercado privado internacional de los proyectos medioambientales está en alza y que se calcula que la producción de las diez cuencas más pobladas del planeta se prevé aportará en 2050 un cuarto de la producción global.

Los motivos van más allá de la voluntad de apostar por un modelo público o privado de agua. Los gobiernos africanos están llevando a cabo acciones paralelas al sistema de agua y saneamiento que hacen peligrar el acceso de la población en general a éste. Uno de los mayores riesgos viene de la cesión de tierras para la gran industria agrícola. En lo que se ha dado en llamar un suicidio hidrológico, los gobiernos africanos ceden tierras propias a otros países para el cultivo, eliminando recursos tradicionales de agua para la población. En Mali, se calcula que las aguas del río Níger que pasan por el país podrían irrigar 250.000 hectáreas. Sin embargo el gobierno democrático de antes del actual conflicto había asignado 470.000 hectáreas de tierra cultivable a compañías principalmente de Libia, China, Reino Unido y Arabia Saudí.

Podemos comprobar, por tanto, que el mercado privado no está interesado en invertir en agua y saneamiento en el continente. Tampoco existe una verdadera voluntad política de priorizar las inversiones públicas en agua y saneamiento, ni a nivel de los donantes ni a nivel de los gobiernos africanos. La Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (Aecid) dedicó en 2008 el 46% de la ayuda en agua y saneamiento a la construcción de pozos, cuyo impacto en el acceso al agua es extremadamente bajo.

Las prioridades políticas están en la evolución de unas más que cuestionables cifras. Pero en lugar de preocuparnos por cuántos africanos y africanas carecen de acceso al agua y al saneamiento y de cómo podemos maquillar las cifras o establecer objetivos técnicos, carentes de contenido político, deberíamos asumir que es un problema de desigualdad económica. El 20% más pobre tiene una probabilidad veinte veces mayor de defecar al aire libre que el 20% más rico. Queda claro, pues, que el acceso al agua y al saneamiento depende de lo desigual que es una sociedad. Que la necesidad más acuciante consiste en la construcción de una democracia de base y la necesidad de realizar un reparto de la riqueza a través del cual el Derecho Humano al agua y al saneamiento sea posible. 

Este artículo fue publicado originalmente en El Europeo

jueves, febrero 28, 2013

Elecciones en Kenia: la política formal contra la real

Con este artículo comienzo mi colaboración con la web El Europeo.


Foto de Demosh
Samuel Kivuitu era el responsable de la Comisión Electoral Keniata en 2007. Pocos días antes de las elecciones presidenciales que se encargaba de coordinar afirmó que éstas se celebrarían en un ambiente de calma y que la transición política se realizaría de manera suave y ordenada. Sin embargo la realidad le tenía reservada una sorpresa tanto a él como a toda la comunidad internacional, a quienes la violencia política desatada tras el conflicto electoral entre Odinga y Kibaki les pilló a contrapié.

Desde diciembre de 2007 hasta febrero de 2008 murieron 1.200 personas y cientos de miles expulsadas de sus hogares en el conflicto resultante de las elecciones presidenciales. Kibaki se autoproclamó ganador por un margen muy estrecho. Odinga respondió acusándole de fraude electoral, y las milicias en las calles obtuvieron la orden de estrechar el cerco sobre su rival.

Fueron varias semanas de conflicto abierto por todo el país que se saldó con una solución de coalición: Kibaki fue nombrado Presidente y se creó la figura de Primer Ministro para Odinga. Paralelamente se inició un proceso de reforma constitucional que pretendía situar a Kenia como un país referente en la política moderna de África Subsahariana.

La Constitución aprobada en 2010 establece una división territorial del país en 47 regiones, con su gobernador particular y su propio parlamento. Además, introduce la novedad de los debates presidenciales obligatorios en periodo electoral, y otras medidas dinamizadoras de la democracia, como las consultas populares o la transparencia en la información.

De esta manera llegamos al periodo electoral en el que Kenia se encuentra inmersa. Por primera vez en la historia ha habido un debate presidencial televisado con hasta ocho candidatos (siete hombres y una mujer) a presidir el país.

Las elecciones, cuya primera ronda presidencial será el 4 de marzo, se celebran en el 50º aniversario de la independencia. La formalidad de la campaña, su occidentalización, ha hecho que multitud de medios de comunicación internacionales se vanaglorien del éxito de reconversión de la democracia keniata. Voces que han sido potenciadas con la participación de Barack Obama en la campaña del que fue país de nacimiento de su padre.

El ensimismamiento de estos medios contrasta con las voces que desde el terreno están realizando diversas organizaciones de la sociedad civil. La política formal, edulcorada por la Constitución de 2010, hace vivir la ficción de que se trata de unas elecciones estandarizadas, donde el debate de las ideas prevalece sobre cualquier otro. Sin embargo, un pequeño seguimiento de la campaña permite demostrarnos que nada ha cambiado en Nairobi.

En 2007, como ahora, la política keniata estaba dominada por el debate identitario de carácter étnico. La etnia ha sido la herramienta social utilizada para facilitar o limitar el acceso a la tierra o a las oportunidades políticas y está en la base de la desigualdad social keniata. Los dos candidatos más fuertes, el Primer Ministro Odinga y el recién llegado a la política, Keniata, vienen de familias políticas fuertes, protagonistas del proceso de independencia. Ambos tienen una fuerte identidad étnica (Luo y Kikuyu respectivamente) que explotan políticamente y que movilizan frente a un ataque político. Keniata, además, está acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes durante el conflicto de 2007.

En Kenia, a pesar de la estandarización de la política formal, continua existiendo un debate fuera de los focos que tiene a la identidad como eje fundamental. Los motivos que provocaron el conflicto en 2007 siguen abiertos. En 2012 se relataron hasta 400 muertes por violencia política. El paro juvenil es muy elevado, y los indicadores de pobreza no mejoran. Todo esto, unido al alto nivel de corrupción de las estructuras del Estado, hace que se augure un posible escenario de violencia si la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, programada para abril, se resuelve por un margen muy corto de votos o si se percibe poca transparencia en el proceso electoral. Y sin olvidar que las elecciones en cualquiera de las 47 regiones también puede servir de mecha.

Los jóvenes profesionales keniatas, aquellos que podrían estar trabajando fuera del país en cualquier ciudad global, están furiosos con esos partidos políticos etnificados que continúan un debate que no aporta soluciones a las desigualdades sociales del país. Ven como imprescindible un cambio en las élites políticas del país. Pero el líder anticorrupción John Githongo ya lo advirtió: “El nuevo mundo está naciendo, pero el viejo aún no ha muerto”.

miércoles, enero 30, 2013

Reproducir Afganistán en Mali


Foto CC de jedalani
El pasado día 12 de Enero de 2013 fuerzas militares de la República Francesa atacaron desde las bases de Chad, por tierra y por aire, a las fuerzas rebeldes de Azawad. Hace casi un año, se lo contábamos aquí, tropas tuareg y de dos grupos islámicos de la zona habían iniciado un ataque desde la frontera con Libia que había llegado a expulsar al ejército de Mali de la parte norte del país. Finalmente, el 6 de abril, se declaró la independencia de Azawad, no reconocida por ningún organismo internacional ni ningún otro Estado.

Desde entonces la población malí ha sobrevivido como ha podido a la inseguridad alimentaria, a la inexistencia de una Administración pública descabezada por un Golpe de Estado militar y a la espera de que los actores internacionales decidieran intervenir de una manera u otra. La manera escogida ha sido la de una intervención militar unilateral, retrotrayéndonos a los momentos más estelares de 2001. Hemos escuchado a François Hollande –la última esperanza blanca europea para el Estado de Bienestar- decir que Francia permanecerá –intervendrá- Mali hasta que las tropas islamistas hayan sido derrotadas. Y hemos escuchado a David Cameron –la esperanza y ejemplo de la Europa liberal- afirmando que está en peligro “nuestro modo de vida”. El terrorismo ha vuelto a constituirse como el leitmotiv oficial de la política exterior de los estados occidentales. George Bush Jr., te esperamos impacientes.

Cuando en 2012 se escenificó la inoperancia del gobierno militar malí para hacer frente al reto secesionista de Azawad las reservas –económicas y militares- de los países de la OTAN estaban bajo mínimos tras la intervención de Libia –origen de estas tempestades. Todas las miradas apuntaban a una intervención delegada realizada a través de los países que forman la CEDEAO (ECOWAS). Una intervención africana para un conflicto africano. El problema es que los más de diez años de programa de formación y cooperación militar de los países de la Unión Europea y EEUU con los países del Sahel no habían terminado de dar frutos. Se necesitaba una formación más adecuada y, por tanto, tiempo para llevarla a cabo. Naciones Unidas, en un informe de hace pocos meses, ya hablaba de una posible fecha de intervención conjunta africana: Septiembre de 2013.

Sin embargo a comienzos de Enero de este año los movimientos islamistas realizaron movimientos de acercamiento a Konna, desde donde la llegada a Bamako, la capital, era franca. Esto precipitó la decisión francesa que ha provocado la creación de un Afganistán a poco más de 6.000 km de París –y 4.900 de Madrid. Porque esto, la creación de un problema militar de difícil solución y el enquistamiento de la situación en la región, está fuera de toda duda.

Si alguien piensa que las tropas islamistas no van a llamar a la acción internacional de sus bases, igual que se realizó en Afganistán o en otros tantos lugares, no conoce la voluntad de Al-Qaeda por invertir esfuerzos en el frente de África del Norte. La expulsión de estas fuerzas sólo puede suponer su instalación, y consecuente desestabilización, de otro país. Puede que los países occidentales no estén en guerra contra el Islam, pero a fe que lo parece. Se han pasado diez años secuestrando, torturando, asesinando, bombardeando, invadiendo y ocupando países de mayoría musulmana (Afganistán, Iraq, Libia, Pakistán, Somalia). Más leña al fuego que se encargan de avivar constantemente las fuerzas islamistas.

Cuando nos centramos en los porqués de la intervención francesa es muy tentador fijarse en sus intereses económicos en la región. Francia interviene porque es la que más tiene que perder con la pérdida de Mali. Sus empresas tienen los contratos más jugosos de extracción de uranio. Pero además no se puede olvidar que París tiene el gatillo fácil. En nombre de la razón, la protección de nuestro modo de vida o de la democracia global, Francia ha intervenido en África tanto como ha querido desde el final de la Guerra Fría. Estos antecedentes de defensa de sus intereses económicos –o de sus empresas- en el continente conforman una explicación completamente coherente. China ya les está haciendo mucho daño con su guerra comercial –y silenciosa- en África Subsahariana. Demasiado como para perder piezas por el camino. El intervencionismo francés es común a las diferentes fuerzas de gobierno, traspasa colores, genera intereses económicos en las empresas cercanas al Eliseo e intereses militares entre los altos mandos del ejército de la República.

El Reino Unido o Estados Unidos no van a dejar sola a París. A pesar de los gritos desesperados de algunos políticosfranceses que antes se denominaban pacifistas y contrarios a la intervención, el resto de países de la Unión Europea a duras pena tiene suficiente con aguantar la crisis económica y los continuos ataques al Euro. Londres, a través del apoyo logístico aéreo, y sobre todo Washington también están jugando sus cartas. Obama ha firmado un pacto de última hora con Níger para poder operar desde este país con los famosos drones. Si yo fuera líder de Boko Haram iría dándome por aludido.

Tendremos por tanto una intervención francesa que poco a poco se irá retirando –nunca del todo, pues es un territorio demasiado extenso- a favor de una posible fuerza de ocupación africana –se habla de tropas de Burkina y, en especial de Nigeria- que necesitará tiempo para terminar de formarse y hacerse con el control operativo de las instrucciones dictadas por el Eliseo. Y alrededor de esta intervención terrestre, una operación más quirúrgica de asesinato selectivo organizada por el Pentágono a través de las operaciones no tripuladas.

La intervención iniciada por Hollande complica la solución del puzle de Mali al internacionalizar el conflicto en sí mismo. Frente a una posible solución negociada y arraigada en el control que sobre el territorio tienen las fuerzas tuareg –que podrían haberse transformado en aliadas de Bamako a través de mecanismos de reconstrucción del Estado malí y de la ingeniería constitucional desde la base- París ha impuesto la visión guerra contra el terror, un escenario donde los movimientos islamistas se mueven mejor que nadie y donde consiguen más ventajas al mantener el fuego de su lucha encendido. A partir de ahora todo lo que haga Francia, la Unión Europea o las propias Naciones Unidas será interpretado por los movimientos islamistas como una afrenta más al Islam o una derrota de los valores occidentales, sirviendo la intervención de Francia como amplificador del discurso y, por tanto, escondiendo el resto de sus complejidades.

La ruta de la democracia interna, que permitiera a los malienses controlar sus recursos minerales y económicos, no se contempla. Ellos son sólo víctimas de los movimientos de estos dos actores globales.

viernes, diciembre 28, 2012

Etiopía, Egipto y las guerras por el Nilo


Foto CC de S J Pinkney
Siempre tan citado que ya se ha convertido en un lugar común. El que años después fuera Secretario General de Naciones Unidas, y por entonces Ministro de Asuntos Exteriores de la República Árabe de Egipto, Boutros Boutros-Ghali afirmó a finales de los 80 que la próxima guerra que se libraría en la región sería una guerra por el agua. Desde entonces las guerras y los conflictos no se han parado y esta máxima adorna las pizarras de los grandes estrategas y pensadores de opinión, a la espera de que la guerra por el agua se produzca y así poder desempolvar la manida frase. No hay nada como esperar a poder llevar razón.
Pero la historia de esta frase va más allá de la premonición perpetrada por un aparentemente avezado político egipcio. No, lo que Boutros-Ghali estaba haciendo no era un análisis en prospectiva, sino una declaración de intenciones por parte del gobierno al que entonces representaba.

La cuenca del Nilo es compartida por nueve países africanos: Egipto, Sudán (del Norte), Etiopía, Kenia, Uganda, Ruanda, República Democrática del Congo (RDC), Tanzania y Burundi. Su gran caudal hace que sea de gran importancia para la supervivencia económica y vital de cientos de miles de personas a lo largo de todo su curso. Sin embargo, no todos pueden utilizar sus aguas.

Un acuerdo firmado entre las diferentes administraciones coloniales británicas de la cuenca del Nilo reconocía a la administración británica de El Cairo la facultad de decidir en exclusiva sobre sus aguas. Y un tratado firmado entre Egipto y Sudán, repartiéndose entre ellos toda el agua que llevara el Nilo. El primero firmado en 1929, el segundo en 1957. Bajo estos dos paraguas legales, Egipto se ha considerado dueño histórico de las aguas del Nilo y ha amenazado militarmente durante décadas la construcción de cualquier obra que afectara al caudal. A su fuerza legal se añadían dos fuerzas más, la diplomática –utilizada para bloquear cualquier intento de financiación internacional de obras hidráulicas Nilo arriba- y la militar –constituyéndose en el ejército dominante de la zona tras los acuerdos con Washington.

Esta situación de conflicto se intentó reconducir hacia la cooperación entre todos los países de la cuenca. Se creó la Iniciativa de la Cuenca del Nilo (Nile Basin Initiative), un mecanismo de negociación entre los nueve estados ribereños para renegociar el uso del caudal y dirimir cualquier conflicto sobre los diferentes proyectos de construcción planificados. La iniciativa se llevaba presentando durante más de una década como el paradigma de la cooperación multilateral sobre cuencas, y sin embargo su fracaso era estrepitoso. Cansados de toparse contra el muro egipcio, que seguía ejerciendo su influencia diplomática y exhibiendo su poderío militar, seis de los nueve países de la cuenca decidieron constituir un mecanismo paralelo, el Acuerdo Marco de Cooperación (Cooperation Framework Agreement), a través del cual se repartirían de una manera equitativa los usos del caudal del Nilo y se debatirían los proyectos que afectaran al caudal de otros estados ribereños. Se trataba de la rebelión de Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania, Burundi y Etiopía, encabezada por esta última y a la que probablemente se añada en un futuro la RDC.

De este modo Etiopía reventaba el statu quo de la cuenca, ofreciéndose a liderar el cambio que los otros países reclamaban. Addis Abeba ha sido capaz de generar un cambio en la hegemonía de esta región a través del modelo económico y político del difunto Meles Zenawi. Un modelo económico que combina la fuerte Inversión Extranjera Directa (IED) de facilidades fiscales a la inversión y un redireccionamiento de ésta hacia los sectores que más le interesan al Estado. Y un modelo político que hace caso omiso de los llamamientos al respeto de los Derechos Humanos, que continua con los desplazamientos forzosos de poblaciones afectadas por obras hidráulicas o ventas de tierra y que, con mayor relevancia internacional tras las elecciones de 2005, acalla la oposición a través de la represión política y el exilio.

Al calor de la “guerra contra el terror”, Etiopía se ha convertido en eje de la política de Washington en el Cuerno de África, interviniendo directamente en Somalia y comprometiendo fuerzas de paz etíopes para el caso de una intervención entre Sudán y Sudán del Sur o para el conflicto de la RDC. Todo esto ha convertido a Etiopía en el país que mayor AOD recibe del África Subsahariana, segundo en todo el mundo, a establecer planes para convertirse en un país de renta media hacia mediados de la próxima década o a poseer un ejército con una mayor capacidad de despliegue.

La fortaleza de Etiopía, tanto militar como diplomática y financiera, le ha permitido anunciar la inminente construcción de una presa en el Nilo Azul. La denominada presa del Renacimiento, situada casi en la frontera con Sudán del Norte, será construida por empresa italiana que ya realizó el proyecto de la presa del río Om –con desplazamiento forzoso y mal compensado de población autóctona. El anuncio de esta construcción se realizó a mediados del año 2011, aprovechando el momento de debilidad política interna de Egipto.
Sin embargo El Cairo, aun mermado, pudo reaccionar ganando tiempo y solicitando la creación de un comité de expertos –una parte egipcios, otra parte etíopes y otra parte independiente- que diriman si la presa del Renacimiento afectaría a los caudales medioambientales y productivos del Nilo a su paso por Egipto. Fuera de toda duda, se calcula que dichos caudales tardarían de 3 a 5 años en recuperarse del impacto de la presa, pero la duda está en qué pasará más allá, cuando la construcción ya sea un hecho y la dependencia de El Cairo de las aguas del Nilo sea un arma controlada por Addis Abeba.

Meles Zenawi, antes de su fallecimiento en agosto de este año, ya advirtió que con informe positivo o negativo de la comisión de expertos –que ha de resolver su discusión en los próximos meses- la presa del Renacimiento se realizará de todas maneras. Etiopía considera el proyecto fundamental para su desarrollo, en tanto en cuanto es una obra encaminada a la generación de energía eléctrica, y no parece que el sucesor de Zenawi, Hailemariam Dessalgn, vaya a hacerse a un lado ante las batallas que le plantee Egipto.

Sea como sea, el proyecto de la presa del Renacimiento constata el hecho del cambio de hegemonía en la región a favor de Etiopía. El apoyo externo, pero también la transición interna tras la muerte de Zenawi –pausada, a pesar de contar con unos índices inflacionarios muy elevados y un elevado descontento de la población- han permitido robarle terreno a Egipto tanto en el terreno militar como en el diplomático. El Cairo, por su parte, realiza esfuerzos diplomáticos para que la Comunidad Internacional interprete la construcción unilateral de la presa como una agresión a los intereses vitales de Egipto y, por tanto, pueda consentir la respuesta militar ante el proyecto. La debilidad de Morsi, la necesidad de encontrar cohesión social en el Egipto de las protestas –qué mejor que buscar un buen enemigo-, y la vinculación de la construcción de la presa con la afectación de los intereses más vitales de cada egipcio –el agua-, pueden terminar probando antes de tiempo la capacidad militar de Etiopía para responder al reto de su hegemonía regional. Sería el tiempo de desempolvar –por fin- la maldita frase de Boutros-Ghali y comenzar a tomarse en serio los cientos de conflictos abiertos por las privatizaciones salvajes del agua a lo largo y ancho de todo el mundo. Sería el tiempo de las guerras por el agua.

miércoles, noviembre 21, 2012

Call for Papers: Sistemas Políticos Comparados de África Subsahariana (ECAS 2013)


El pasado mes de Junio de 2012, en el marco del Congreso Ibérico de Estudios Africanos, la Profesora Gema Sánchez Medero y yo dirigimos un grupo de trabajo titulado Sistemas Políticos Africanos. La valoración que hicimos, tanto profesional como personal, fue muy positiva. Como ya comenté en su día, tanto la calidad como la cantidad de ponencias presentadas fueron superiores a las expectativas iniciales. Aún más si añadimos el éxito de asistencia de público y de los debates que generaron.

Aquel panel se dividió en dos sesiones, una enfocada a las revoluciones árabes y otra hacia los sistemas políticos subsaharianos.

Ahora, aprovechando la 5ª Conferencia Europea de Estudios Africanos (ECAS) que se celebrará en Lisboa durante el mes de Junio de 2013, pretendemos seguir con el trabajo inicial. Para esta nueva tarea hemos añadido al equipo al Profesor de Ciencia Política, Rubén Sánchez Medero. Entre los tres nos encargaremos de crear el espacio y generar el debate necesario para que este nuevo grupo de trabajo sea bien recibido por la comunidad científica y para que sus resultados puedan ser trasladados a todos los interesados en el tema.

En esta ocasión centraremos la atención en los sistemas políticos de África Subsahariana, dejando de lado la política africana al norte del desierto. Las primaveras árabes han sido ya muy discutidas y, por otra parte, la aún elevada volatilidad de sus sistemas políticos impiden un debate sereno y reflexivo sobre los mismos.

Pero además de centrarnos en los sistemas políticos subsaharianos, lo intentaremos realizar desde una perspectiva comparada. Giovanni Sartori decía que la Ciencia Política o es comparada o no es. Aunque no seamos tan categóricos, si podemos considerar que el estudio de los sistemas políticos es, en esencia, una tarea comparativa. Y por este camino vamos.

La ECAS se celebrará en inglés, por tanto, aunque el resumen del proyecto lo pongo aquí en castellano, si te animas a participar deberás hacerlo en inglés. Si quieres ver el resumen original, sólo tienes que ir a este enlace.

Fecha de celebración de la ECAS 2013: Del 26 al 28 de Junio de 2013.
Fecha límite para presentar propuestas: 16 de Enero de 2013.
Cada propuesta debe constar de:
-      Título
-      Resumen breve (300 caracteres máximo)
-      Resumen largo (250 palabras máximo)
-      Requerimientos audiovisuales para la presentación
Idioma del panel: inglés.
Presentación vía web: [link] Por favor, no enviar las propuestas por correo electrónico.
Fecha de notificación de la aceptación: 26 de Enero de 2013.
Inscripción en ECAS 2013: A partir del 27 de Febrero de 2013.


Sistemas Políticos Comparados de África Subsahariana.
Factores endógenos y exógenos en la construcción del marco político.

En los procesos de desarrollo político de los distintos Estados que conforman la realidad de África Subsahariana han intervenido diversos factores que han condicionado la construcción de sus sistemas políticos. Entre ellos no podemos obviar la importancia de los factores exógenos como una variable interviniente del proceso. La presencia de los actores coloniales o de diversos organismos de carácter internacional, han ejercido una influencia, en mayor o menor medida, en la construcción institucional y política de los sistemas políticos de esta región. A menudo importando fórmulas consolidadas en Europa o América del Norte, que, al menos aparentemente, tienen un difícil encaje en la realidad africana. Es por ello por lo que estos Estados se han sometido, en estos procesos de construcción, a una fricción entre estos elementos externos y una serie de factores endógenos que describen la realidad de cada país y que necesitaban participar del proceso de la creación del sistema político. Esta relación imperfecta, entre unos y otros factores, es la que ha dado lugar al establecimiento y desarrollo de una serie de sistemas políticos específicos en el área subsahariana.

El estudio clásico de los sistemas políticos, sus tipologías y características, han pasado por alto, en la mayor de las ocasiones, los casos de África Subsahariana. Este hecho es quizás debido a que las interpretaciones del Estado africano terminan centrándose en el neopatromonialismo, las estructuras híbridas, la debilidad del Estado africano o directamente en la concepción de éste como una entidad ajena a la realidad del continente. Un esfuerzo analítico habitual en las ciencias sociales, que provoca una desviación de la observación del objeto de estudio, derivando la discusión en cuestiones como la buena gobernanza o la dependencia de los Estados africanos del sistema político mundial.

Por lo tanto, y en virtud de lo expuesto anteriormente, este panel tiene por objetivo el estudio de los sistemas políticos africanos y sus diferentes categorías o aspectos relacionados desde una perspectiva comparada y analítica, bien comparando casos del área subsahariana, bien a través de la comparación de casos subsaharianos con otros ajenos a la región.

Dirigen el Panel:

Fernando Díaz Alpuente – www.srkurtz.com
Gema Sánchez Medero – Universidad Complutense de Madrid
Rubén SánchezMedero – Universidad Carlos III de Madrid

Call for Papers: Compared Political Systems of Sub-Saharan Africa (ECAS 2013)


Call for Papers for 5th European Conference on African Studies (Lisbon, June, 26 to 28, 2013) is now open and panel “Compared Political Systems of Sub-Saharan Africa. Endogenous and Exogenous Factors in the Construction of Political Frameworks” is accepting paper proposals.

Deadline for proposal submissions: January 16, 2013.
Proposal should consist of a:
-          Paper title
-          Short abstract (300 characters maximum)
-          Long abstract (250 words maximum)
-          Audio-visual requirements for your presentation
Panel language: English.
Presentation via web: [link] Please do not send any proposal by email.
Notification of acceptance: January 26, 2013.
Registration opens: February 27, 2013.

Information about the Panel: Compared Political Systems of Sub-Saharan Africa

In the political development process of African States several factors have got involved and have conditioned their political systems. Among them we cannot ignore the exogenous factors relevance, as an intervening variable in the process. The presences of various colonial actors or international agencies have influenced, greater or lesser extent, institutional and political construction of political systems in the area. Often importing Western formulas, which, at least apparently, have a difficult fit in the African realities. It is for this reason that these States have undergone, at the process of its construction, to friction between these external factors and also endogenous, which describe the reality of each country and needed to participate in the process of the political system construction. This imperfect relationship between factors has led to the establishment and development of specific political systems in the Sub-Saharan region.
The political system’s classical studies, their typologies and features, have overlooked in the Sub-Saharan African’s cases. Perhaps because of the African State interpretations focus on neopatrimonialism, the hybrid structures, the weakness of the African State and the conception of the African State as non-African entity. A common analytical effort in the social sciences derives the discussion on issues such as good governance or African States’ dependence on global political system.
This panel aims to study African Political Systems and their different categories or aspects from comparative and analytical perspectives, well Sub-Saharan area compared cases, either through the comparison of Sub-Saharan cases with other outside the region.
Convenors:
-          Fernando Díaz Alpuente. African Studies Center of Barcelona – www.srkurtz.com
-          Rubén Sánchez Medero, Carlos III University of Madrid.
-          Gema Sánchez Medero, Complutense University of Madrid.

Information about the 5th European Conference on African Studies
The 5th European Conference on African Studies (ECAS 2013) will take place at the ISCTE-IUL, Lisbon, Portugal, from 26 to 28 June 2013. It will be organized by Centro de Estudos Africanos - Instituto Universitário de Lisboa (Centre for African Studies, Lisbon University Institute (ISCTE-IUL)) on behalf of AEGIS, the Africa-Europe Group for Interdisciplinary Studies. Its general theme will be African dynamics in a multipolar world.
ECAS 2013 will be open to scholars from all over the world and the call for panels is open to disciplines and methodological approaches representing the Social Sciences and Humanities.



domingo, octubre 28, 2012

Destrucción masiva, de Jean Ziegler


Acodado en las estanterías más de moda de cualquier sección de ciencias humanas, el libro de Jean Ziegler se está convirtiendo en uno de los más difundidos del momento. La figura del que fuera Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación se ha transformado en una de las voces globales más críticas con el actual modelo de globalización. Estas voces ya existían hace tiempo, pero su popularidad es directamente proporcional a la profundización de la crisis sistémica de la Unión Europea y de sus economías nacionales.

Ziegler presenta en este libro un alegato a favor de aquellos que pasan hambre. No es un alegato furibundo, sino reflexionado, sosegado e impertérrito frente a los enemigos del Derecho a la Alimentación. Escrito desde una concepción socialdemócrata de la globalización, que el autor no tiene miedo de esconder, Destrucción masiva sitúa las diferentes realidades del hambre en el mundo y conecta con las diferentes prácticas, locales y globales, que hacen de éste un problema permanente.

La primera idea de Ziegler es sencilla, pero de su sencillez se levanta con fuerza y arrastra cualquier argumentación en contra: el hambre es un problema humano, y por tanto el hambre tiene solución. A partir de este argumento sólo nos queda entender cómo y quiénes impiden que la alimentación global de la humanidad sea posible.

Existe durante todo el discurrir del libro una defensa de las instituciones de las Naciones Unidas como herramientas absolutamente válidas para la consecución de la alimentación global y, sobre todo, como garantes del trabajo humanitario y de emergencia. En especial de la FAO y el PMA salen extremadamente reforzadas en sus páginas, frente al ataque que ambas instituciones sufren en el mainstream internacional.

Se combaten otras ideas hegemónicas, popularizadas por la caridad mal entendida y los medios de comunicación globales –vinculados éstos a fondos de inversión responsables en gran parte del estado del hambre a nivel global. Por ejemplo la idea malthusiana de que el problema del hambre es un problema de superpoblación, idea que se muestra impotente ante el análisis de la realidad que realiza Ziegler.

No se evitan temas actuales y polémicos como la promoción de los biocombustibles o la venta de tierras a gran escala en los países del Sur. De hecho, no salen bien parados algunos ídolos de la contrahegemonía global como el expresidente brasileño Lula da Silva quien por una parte ponía en marcha programas muy ambiciosos para doblegar el hambre nacional y global –en este caso apoyado por la presidencia de Rodríguez Zapatero- y por el otro fomentaba la dedicación de tierras de cultivo a la fabricación de biocombustibles.

El libro es principalmente un texto de divulgación política, y no un estudio especializado. Fruto de ello durante todos los capítulos se salpican anécdotas y experiencias vividas por el autor, que si bien aligeran la lectura, rompen un poco la marcha del argumentario y, en ocasiones, pierden al lector en tanto en cuanto no aportan nada o casi nada. Especialmente exasperante es, en este sentido, la descripción física de cada mujer que se encuentra en sus páginas. Por el contrario, la mayoría de las descripciones de los hombres terminan siendo puramente administrativas, elogiando a los personajes según sus encuentros y contradiciéndose en ocasiones, como en la figura de Abdoulaye Wade –expresidente de Senegal- quien recibe elogios genéricos –e inmerecidos- en unas páginas para ser masacrado unos cuantos capítulos más allá. 

No aporta mucho al debate global el libro de Ziegler aunque sí constituye un estupendo esfuerzo por difundir al público mayoritario la problemática del hambre. Es un libro de poca profundidad que otorga pistas al público no especializado para continuar rascando en el tema, identifica a los enemigos del Derecho a la Alimentación y, sobre todo, desmitifica el problema del hambre a nivel global, desculpabilizando a los hambrientos del mundo. Y deja claro que aún en el mundo actual de las tecnologías de la comunicación, a nivel global pero también a nivel local, la revolución continúa siendo una revolución por la tierra y los bienes de producción agrícola. Preciosa lección en estos tiempos postmodernos que nos recorren el cuerpo.

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Jean Ziegler, profesor de sociología en la Universidad de Ginebra y en la Sorbona de París, fue durante ocho años (2000-2008) Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación. 

sábado, octubre 13, 2012

La inexsistencia de la excepcionalidad africana

Como cada tres meses, sale el nuevo boletín del Centro de Estudios Africanos en el cual colaboro con un artículo. Ésta es mi contribución a un boletín de Septiembre que podéis consultar en su nueva versión mediante este enlace.


Foto de austinevan
Llevamos apenas nueve meses de este 2012 y África Subsahariana está teniendo una actividad efervescente en cuanto a la política interior de muchos países. Senegal ha vivido unas elecciones que podrían haber sido traumáticas. Somalia ha padecido dos nuevas conferencias internacionales que no han hecho sino reforzar a los actores de la opresión frente a los actores de base. Pero sobre todos los acontecimientos destacan dos: el Golpe de Estado en Guinea-Bissau y el también Golpe de Estado de Malí y la posterior declaración de independencia de Azawad.

Los discursos hegemónicos, tanto mediáticos y académicos, sobre estos dos golpes tienden a confluir en la lastimosa ruptura de la democracia y de la estabilidad política en estos países, como si estos sucesos, por repetitivos, fueran intrínsecamente africanos y, en cierto modo, inevitables en según qué latitudes. Estos discursos son no ya completamente ahistóricos, sino gravemente eurocéntricos y paternalistas por más sentimiento de solidaridad o indignación que alberguen. Se declara la excepcionalidad africana y la debilidad de sus democracias.

Sobre la existencia de la violencia política en África Subsahariana el profesor Patrick Chabal señala que ésta se ha convertido históricamente en un recurso político y, por tanto, en una herramienta más de las que tienen a su alcance diversos grupos políticos africanos. No es tanto un determinismo histórico, en la medida en que el hecho de que la violencia se haya utilizado en el pasado no implica que se utilice en el futuro. Los ciclos de la violencia política se pueden romper, recuperar, volver a suspender y volver a recuperar. Son los pueblos los que hacen su historia, no la historia la que hace a los pueblos.

Sin embargo este uso político de la violencia no es objeto sólo de los países subsaharianos. No existe una excepcionalidad africana y no hace falta ir muy lejos para comprobarlo. Aquí en España, hasta finales del siglo XX, vivíamos en el continuo ir y venir de golpistas, rebeliones militares y dictaduras Reales y fascistas. Y aún hoy, en estos últimos 34 años, hemos vivido la transformación de la violencia política en un régimen neopatrimonial de mascarada liberal, el cual ha permitido que todo siga igual que durante la dictadura franquista, donde una élite política y económica mantiene sus privilegios, bloquea la participación de la ciudadanía en la agenda política y evita las investigaciones sobre las violaciones de Derechos Humanos en territorio español.

Podríamos seguir afirmando excepciones, y hacer referencia a que España –como los Balcanes- es una excepción dentro de Europa. Pero si nos acercamos a preguntar a los ciudadanos europeos qué opinan de sus regímenes políticos, hoy más que nunca, encontraremos muchas similitudes entre las opiniones sobre los regímenes africanos y los estados modernos de Europa. No creo que hoy nadie pueda negar la debilidad de la democracia europea, la necesidad de las élites de aliarse entre sí para manejar el ámbito político frente al deseo de la ciudadanía.

No veo diferencias esenciales, por tanto, entre la violencia política que se ejerce y se ha ejercido en países como Grecia, Ucrania, Rusia, Estados Unidos, España, Portugal o Irlanda –por citar algunos de los ejemplos más actuales- y la que se ejerce al sur del Sahara. Aunque sí es cierto que hay matices, y que no se pueden comparar escenarios de enfrentamiento militar abierto, como Somalia, con escenarios donde el discurrir de la vida se hace compatible con esta violencia política.

Pero junto a estos matices encontramos muchas similitudes. El neopatrimonialismo campa a sus anchas por una Europa que coloca a los hijos de la crisis económica en los sillones presidenciales. Grecia, Italia o España son ejemplos claros hoy día de la existencia de un neopatrimonialismo europeo. La extroversión es otro punto de similitud. Todos los dirigentes políticos desde el segundo bloque europeo en adelante –el primero lo formarían Reino Unido, Francia y Alemania- buscan su legitimidad en la capacidad de captar recursos del exterior, ya sea en forma de créditos de instituciones internacionales, ya sea mediante la calma de “los mercados”, esos entes.

Y si a Ud. le hablan del Estado africano lo siguiente que harán será nombrarle el sinfín de identidades que sus ciudadanos priorizan por encima de la estatal. Los Estados africanos, lo sabe Ud. bien porque lo dice la Ciencia Política normalizada, se caracterizan por no tener a una ciudadanía que los legitime internamente. Y los Estados occidentales tampoco. A la lista de movimientos secesionistas africanos que The Guardian está sacando estos días podríamos añadir los movimientos secesionistas europeos –escoceses, galeses, catalanes, vascos, gallegos, bercianos, flamencos, irlandeses, italianos… Por no hablar de los movimientos de desobediencia civil estadounidenses que ya desde los tiempos de H. D. Thoreau luchan contra la imposición de la norma escrita por el Estado. Hoy día, en la campaña presidencial del Partido Republicano podemos ver lemas y programas encaminados a reducir la fuerza de la Administración estatal y favorecer la libertad individual frente al musulmán socialista de Barack Obama y su intento de crear un Estado del Bienestar más inclusivo.

La excepcionalidad africana a la hora de ejercer la violencia política es esencialmente igual a la que se ejerce en otros ámbitos de occidente. Como también es esencialmente la misma que se ejerció en nuestro pasado más inmediato. Los regímenes políticos son procesos de imposición violenta de un sistema social frente a otro, y el vencedor termina por configurar la identidad de todo el grupo. Francia no hablaba francés hasta que se impuso desde el gobierno en pleno siglo XIX. España no dejó de condenar a muerte por motivos políticos hasta hace sólo 37 años. La Unión Europea no está dispuesta a tolerar gobiernos combativos con su modelo liberal más allá de la socialdemocracia actual.

Considerar a África Subsahariana como la excepcionalidad, a nivel mundial y a nivel histórico, es no tener claro los orígenes de nuestro sistema político. Podrán cambiar los actores, las relaciones y los procesos, pero la constante humana de la violencia política es transversal a todos los sistemas políticos con que nos hemos dotado como especie animal. No existe una excepcionalidad africana, es sólo nuestra manera de interpretar y justificar los hechos lo que convierte al continente en excepcional.

lunes, septiembre 17, 2012

Todo se desmorona, de Chinua Achebe


Okonkwo es un gran guerrero, fue el luchador más conocido por entre los poblados de su zona cuando era joven, tiene tres mujeres y un buen almacén de ñames. Es un hombre de éxito. Un hombre respetado. Comenzó de la nada, pidiendo prestados sus primeros ñames a un hombre respetable, arando y cultivando, esforzándose más que el resto. Tenía que salir adelante, porque su padre no le había dejado nada en herencia más que el miedo al fracaso, el miedo a ser como él. Con prudencia y esfuerzo,  Okonkwo se ha hecho con varios títulos de su comunidad y puede tener realistas aspiraciones de convertirse en un gran hombre de su poblado, guardián del orden y de las normas que heredaron de las generaciones anteriores.

A través de este personaje, que representa a un hombre cualquiera del África Occidental, Chinua Achebe es capaz de narrar la destrucción de un mundo. El sistema social y político que describe Achebe nos muestra unas comunidades perfectamente organizadas según normas y conceptos propios. Los matrimonios, las guerras, las cosechas, las fiestas, las creencias, todo está en perfecta armonía con el mundo que les rodea. El escenario de Okonkwo es un mundo nada idealizado, donde hasta la contradicción tiene cabida y donde la vida y la muerte –como en todos lados- tienen un sentido y un precio determinado. Un orden político, social, económico y religioso que permite continuar con la vida y asumir las dificultades inherentes que hay en ella.

Pero ¿cómo se acaba con un mundo perfectamente organizado? Las tres imágenes clásicas del colonialismo europeo -el soldado, el comerciante y el misionero- ejercen actividades perfectamente coordinadas en el relato de Achebe. Puede que no de manera premeditada, pero esta coordinación es capaz de fijarse en las incongruencias de los sistemas políticos, sociales y religiosos del periodo precolonial y utilizarlas para reventarlos. Como la dinamita que se coloca en las brechas de una montaña en la minería al aire libre. La montaña –los sistemas- queda hecha trizas a la espera de que un agente externo le proporcione un nuevo sentido.

El papel de la religión europea, del cristianismo británico en este caso, supuso la modificación de las costumbres autóctonas y la clave del conflicto colonial al suponer un reto a las creencias más firmes de la población africana. La figura de los africanos conversos, encarnados en su mayoría por los más desfavorecidos por el sistema político y social, es clave en este proceso. Avalados por el poder y la fuerza que la nueva religión les otorga se enfrentan a los poderes que antes les excluían y luego, cuando se convirtieron, les ignoraban. La revolución colonial, parece que nos dice Achebe, pudo comenzar con la llegada del misionero europeo, pero no hubiera tenido sentido sin la acción revolucionaria de parte de la sociedad africana, ya conversa. Frente a un sistema político, social y religioso africano que excluía a unos e integraba a otros, el sistema colonial otorga fuerza a los excluidos para ser ellos los nuevos excluyentes.

El comerciante, no tan presente en la novela de Achebe, es el que marca el camino y el sentido de la movilización europea hacia África Subsahariana. La oportunidad de ganar riquezas y materias con las que comerciar en nombre de la monarquía colonial es la punta de lanza de la intervención europea.

Por último el soldado es quien hace que la misión civilizadora y la misión comercial tengan éxito. La tecnología militar europea permite avasallar al enemigo africano -pacificarlo en términos coloniales- sin apenas resistencia y tan si quiera con la sensación de que el otro es un enemigo digno de llamarse tal. Su debilidad es casi insultante para el soldado, en constante y plena búsqueda de la gloria militar y colonial.

La sociedad africana que describe Achebe no fue capaz de prever ni prevenir lo que se le venía encima, oponiendo resistencia pero condenada a su fracaso. Desconocedora de la historicidad bélica europea consiente en permitir el asentamiento del misionero en su tierra, en parte aterrado por los relatos de pueblos que se han resistido y han sido masacrados, y en parte por una aparente cualidad de conformismo y prudencia que les hace esperar una reacción hasta que ya es demasiado tarde.

La novela de Achebe tiene el mérito de saber describir bien una poderosa vitalidad dentro de la sociedad precolonial y cómo la invasión europea fue capaz de subvertir el orden establecido mediante la combinación del poder de la convicción y el militar. Supuso un hito en la Historia de la Literatura cuando se publicó por primera vez, en 1958, y quizás por eso se le ha negado constantemente a su autor el Premio Nobel –autoconstituido como premio universal de las letras, pero de una evidente y aplastante europeidad. Inexplicablemente descatalogado desde hace años en el mundo editorial español, en 2010 la casa Random House Mondadori lo reditó dentro de la colección de bolsillo que dedicó a todas las novelas largas de Chinua Achebe. Su lectura se disfruta en lo literario y se sufre en lo político, siendo el sufrimiento el único camino posible para acceder a lo que Achebe desea que entendamos: cómo es posible destruir un mundo.